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Jorge ContrerasLibro que se lee a sí mismo mayo de 2008 ella se convirtió en aquellaElla se convirtió en aquella corsaria de mis íntimos anhelos perdí rumbo mi naufragio fue de cruda borrachera.
Yo conocí a Babel cuando las piedras hablaban con silencios y agradecían su lugar en la torre conocí a babel el día que perdimos el gesto y con el gesto perdimos nuestros rostros y así olvidamos nuestro nombre y algunas palabras
Conocí a Simbad en año bisiesto un 29 de febrero de 1996 hijo de Gilberto Owen vi enviudar a Ruth antes de la media noche.
Vi a Jim Morrison danzar bajo la tormenta y besar los labios de un peyote con la luna de Sabines bajo la lengua.
Soñé a Octavio Paz Hablarme de la hora y el filo y a Jorge Luis Borges llevarme de paseo por Teotihuacan City
He visto a una escritora haciendo strip tease en un table dance de mi pueblo y ni hablar del psicólogo terapeuta encontrado de travestí en el bar-on
Vi una flor convertirse en cardo un criminal convertido en redentor
Ella se convirtió en aquella musa que no inspira es musa degradada por los dioses
Vi mi nombre en algún lugar aquella no lo tiene ella aun no la conozco está por llegar. Rapiña mía
—…por fin estaba al alcance de mis garras angustiadas, dolientes y tímidas— Vladimir Nabokov
Rapiña mía
En el sentido exacto de degustarte con el tacto imagino la succión de tu tuétano virgen, roer tus carnes como sublime buitre hambriento.
Señor de la carroña emisario de la inmortalidad.
De tu cuerpo arranco rapiña mía los besos piraños que me encantan; sángrame la lengua con tus besos.
Carroña mía la danza de los diablos en tu himen comienza, la seducción caliente de mis gusanos te devora, el bramido inteligente de mi animal te llama.
Púdrete conmigo amor hagamos gozar a la muerte hasta su extinción.
Bullen los jugos de la vida en el tuétano, huesos exquisitos adheridos a la carne adheridos a mi hambre.
Púdrete conmigo amor rapiña mía alimento mío.
febrero de 2006 Estirpe ígneaEstirpe ígneaMi alegría en coágulos se disgrega. Llanto ígneo apagado, como un puño de mercurio enardecido de tristeza.
Se incendian una a una las plumas de mi ángel no sé qué me duele más, guillotinas terroríficas caen iracundas rodillas vencidas hincadas con saña en mi entraña mental.
Coágulos enmohecidos de cariño blanda ternura muerta aferrada sin fuerza a un ácido dolor desconocido.
Tal vez yo no debí haber nacido posible proyección triunfante. Pero estoy aquí y estoy triste, porque un coágulo de once milímetros de amor me dio sentido al darme esperanza.
Este dolor me está haciendo nacer, aún no había nacido yo y ahora respiro relámpagos y asisto a mi ángel agonizante y exprimo a cada lágrima que en su caída abren párpados galaxias.
Lloro fervorosamente mi tristeza nunca más podré llorar así hundido en el llanto de cada lágrima vivo el drama interior de la muerte.
Así puedo escuchar en el espiral canto del silencio la tranquilidad del caos la preocupación del universo.
Ya es tarde, nunca estuve mejor, que misericordioso te derramaste, así podré soportar después de esto cualquier dolor.
Truenan los silencios sus nubes ocultas, llueven soles llueven lunas que se amarran como hijos a las piernas de mis pasos.
Charcos de luz en un lodazal de luna. Volveremos a crear el universo y esta vez y esta vez...
Jorge Contreras Sombra de una burbuja en el aguaSombra de una burbuja en el agua
Mis palabras son el semen destilado de tanto ayuno.
Mis palabras son la sombra que nombra quien soy.
El oído de la taza es sorda y yo la hago escuchar espinas de luz.
Tú no me escuchas pero te bebo toda tú; tú con todos tus quebrantamientos que sonríes; tú con tus miradas masturbables como sombra de una burbuja en el agua.
Tu pestañeo es el fósforo que enciende el cigarro de mi nagual.
Nombro tus ojos para que el Sol nos muestre su sombra.
Soy un monstruo hermano del Diablo padre de Dios tú los has castrado a ambos mientras a mí me besas con los besos de tu sexo, mientras bebo tu venenosa eflorescencia.
Sigo nombrándote con el hambre de una jauría de lobos en mi sangre sigo nombrándote con el parido sudor de aullidos en mi sangre sigo nombrándote con el terrible alarido de dios en mi sangre sigo nombrándote con nuestro mar quebrado en mi sangre, sigo nombrándote en el germen roto de nuestra sangre sigo nombrándote.
sigo nombrándote con nuestra piedra de latidos en el corazón sigo nombrándote sobre el altar de los sacrificios mi voz evocadora sigue nombrándote renacerás.
Sobre las alas de los ángeles juegas a que te hagan caballito.
Eres como una niña que jamás ha crecido y cuando te nombro mujer vienen de ti legiones de agoreros ángeles marchitos.
Eres mi niña amada ataúd para el cadáver de mi voz para mi sombra iluminada para mi luz ensombrecida.
Jorge Contreras |
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